Thursday, 11 February 2010

Hasta la vista, baby!

Me resulta irónico estrenar blog y comenzar despidiéndome, pero el momento me obliga a ello. Alguien muy especial para mi vuelve mañana a casa. Tras un año y medio y con todos los amigos que van pasando por aquí debería estar acostumbrado, pero no. Nunca es fácil. Y no me cabe duda de que va a ser una de las personas que más voy a echar de menos. Han sido muchas fiestas, comidas, excursiones y hot chocolates como para no hacerlo. A pesar de todo queda la sensación de que no han sido suficientes.

Me alegro muchísimo por los motivos que le hacen regresar pero no por el hecho en si. Deseo y estoy convencido de que le irá bien, no solo en el nuevo trabajo que en breves comienza sino con todo lo que la vida le ponga por delante. Creo que sabe que aquí deja muchos amigos (puede que hasta algunos corazones rotos :D) y que esto no será lo mismo sin ella.

Ahora, antes de echar el cierre y dejar de escribir "mariconadas" (como diría ella), me gustaría compartir un texto de Jorge Luis Borges que otra buena amiga publicó hace ya algún tiempo y el cual me pareció una curiosa analogía entre los amigos y demás personas que vas conociendo en tú vida y las hojas de un árbol.


Amigos de Jorge Luis Borges

Existen personas en nuestras vidas que nos hacen felices por la simple casualidad de haberse cruzado en nuestro camino. Algunas recorren todo el camino a nuestro lado, viendo muchas lunas pasar, mas otras apenas las vemos entre un paso y otro. A todas las llamamos amigos y hay muchas clases de ellos. Tal vez cada hoja de un árbol caracteriza uno de nuestros amigos.

El primero que nace del brote es nuestro papá y nuestra mamá, nos muestra lo que es la vida. Después vienen los amigos hermanos, con quienes dividimos nuestro espacio para que puedan florecer como nosotros. Pasamos a conocer a toda la familia de hojas a quienes respetamos y deseamos el bien.

Mas el destino nos presenta a otros amigos, los cuales no sabíamos que irían a cruzarse en nuestro camino. A muchos de ellos los denominamos amigos del alma, de corazón. Son sinceros, son verdaderos. Saben cuando no estamos bien, saben lo que nos hace feliz. Y a veces uno de esos amigos del alma estalla en nuestro corazón y entonces es llamado un amigo enamorado. Ese da brillo a nuestros ojos, música a nuestros labios, saltos a nuestros pies, cosquillitas a nuestro estómago, etc.

También existen aquellos amigos por un tiempo, tal vez unas vacaciones o unos días o unas horas. Ellos acostumbran a colocar muchas sonrisas en nuestro rostro, durante el tiempo que estamos cerca. Hablando de cerca, no podemos olvidar a los amigos distantes, aquellos que están en la punta de las ramas y que cuando el viento sopla siempre aparecen entre hoja y otra.

El tiempo pasa, el verano se va, el otoño se aproxima y perdemos algunas de nuestras hojas, algunas nacen en otro verano y otras permanecen por muchas estaciones. Pero lo que nos deja más felices es darnos cuenta que aquellas que cayeron continúan cerca, alimentando nuestra raíz con alegría. Son recuerdos de momentos maravillosos de cuando se cruzaron en nuestro camino.

Te deseo, hoja de mi árbol, paz, amor, salud, suerte y prosperidad. Hoy y siempre... simplemente porque cada persona que pasa en nuestra vida es única. Siempre deja un poco de sí y se lleva un poco de nosotros. Habrá los que se llevaron mucho, pero no habrá de los que no nos dejaran nada. Esta es la mayor responsabilidad de nuestra vida y la prueba evidente de que dos almas no se encuentran por causalidad.

El árbol de los amigos de Jorge Luis Borges

x

No comments:

Post a Comment